LA HERIDA
Observo su cuerpo tendido y de la herida abierta veo brotar un júbilo, una dignidad huérfana, una nube alzándose como débil cruz sobre la muerte (…) No es sangre, no, este río ardiente del que mi grito se alimenta, no son sus círculos unos ojos, ¡no! no es rigor lo que sostienen mis pálpitos en la agonía. Con mis manos liberaré las palomas de su dolor y haré de su resistencia un almimbar eterno. Almimbar - púlpito de las mezquitas