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XXXVIII

Esta escena al natural, esta luz ambivalente y mis silencios en el espacio justo. Esta concavidad ascendente, gotas de ruegos que hacía mucho tiempo habían olvidado los espejos. Estos muebles solidarios que se escandalizan con el vuelo de una sola mosca, todo tan real, mesurable, verosímil, mientras yo intento ser algo más que este pensamiento solo ajeno.

AGAZAPADO

Esto que tengo acá, incrustado en el sitio del corazón como una metralla, voces dislocadas, borceguíes sinvergüenzas, terrores agazapados con olor a pólvora y desconcierto. Sombras se destiñen por mis pensamientos pidiendo ratas al olvido. ¿Qué es este temblor buscando huesos? Tengo decenas de muertos que viven criticándome la memoria, con razón, con justicia, con ansias de trepidar en estos labios cansados de súplicas, de lápices solos y demasiados sucesos viejos.

MAÑANA

  ¿Y si mañana no hay quien escriba, si nadie vierte piedad sobre las osamentas y el río no vuelve con una ensoñación de peces dormidos? ¿Y si el incendio de la noche olvida contener las cenizas, o mirando la estrella desnuda mi sangre confunde rumor con paroxismo? ¿Qué será de la palabra sin un Poeta que denuncie, qué misericordia envolverá el tono, qué será del espanto adherido a los permisos, qué del amor cicatrizante cuando llegue de lluvia y no podamos dictar más nubes?

EL JUGLAR DESCALZO

Mañana dirán que era yo el entristecido, el juglar descalzo, el renacido. Lo dirán con lengua de vidrio, con sus tentáculos humeantes, con su casta enmohecida y su despreciable crítica uniforme. Pero no podrán decir mi hartazgo, ni mi candidez, ni mi desdicha por las contemplaciones sonámbulas, no dirán de mi hueco inmóvil al que me adherí sin espasmos ni vergüenza, no dirán de mis alturas ni de mis pedidos ululantes ni de mi Credo y viceversa. No podrán decirme -a ciencia cierta, sin que mis pájaros les picoteen la sangre.

DE LA LEY

Hazte amigo de la Ley, es mejor así, quizá más ruin pero elegante, alienta las tonfas cayendo sobre inocentes cabezas enervadas, repulsa el íntimo clima popular, salta el charco de la memoria para que no te ensucies tu almita pecadora, increpa la verdad, la consonancia, la providencia célebre y rómpete en un alarido entusiasta con la misma lengua bífida que enarbolas en lo alto ese azur ególatra. Besa las botas colaterales, defiende con fanático albedrío los barrotes humeantes, protege tu languidez onerosa con el enojo calmo de las humildes pupilas. Pero hazte amigo de la Ley, del silencio debido y el embebido, de los híbridos señuelos eufemistas, de la paz obligatoria con acidulantes, de la libertad soplada a huesos, cierra el puño de la infamia y disimula tu sopor con justicia. ¿Quién vendrá al surco de la sangre con un poco de misericordia, luego, quién cuidará mis abuelos fúnebres y mis abuelas descalzas? ¿Qué destej...

AHORA

Es aquí, es ahora, en este espacio redundante, a través de los hechos y deshechos, por todo el tránsito y la huella gastada. Es en este sitio, con pertenencia o sin ella, con desazón, con entusiasmo, con la lengua mordida de palabras y el pecho entusiasta moderando un exilio. Es aquí, sobre esta soledad que me consume si no la escribo, en el espacio breve de tus manos cuando dibujaron anoche un recuerdo. Es en estos minutos que se suicidan mientras la horda pasa en mi frente dejando un murmullo de palomas. Es aquí, es ahora, desnudando sombras, acercando la flor del encanto hacia el rincón de los consuelos. No después de la llaga, no en los párpados bajados como persianas, no en la vergüenza del corazón descalzo, no con los brazos buscando anestesia en otros cuerpos deshabitados. Es aquí, es ahora, porque mañana queda demasiado lejos.

ALLÍ

Te guardo cada día allí, en mi rincón favorito, donde nadie puede intoxicarte ni ahuyentarme los pensamientos. Te dejo para las cinco de la tarde cuando no vuelan palomas y necesito un destino aéreo, algo que me oriente levemente por tanta fragmentación crepitante. Te guardo entre mi piel y mis letras, sobre cada paréntesis desnudo, a boca abierta de silencios, te conservo para cuando el otoño muerda amarillas consecuencias. Te dejo próximo a los terrores, cerca de la herida que siempre duele, en este refugio de mi alma donde la muerte se asusta.