Por E-Mail

martes, 28 de febrero de 2012

De Todos Modos...



Habrás de enterarte de todos modos.
Sabrás en conclusión lo que siento.

Conoces todo desde mi lado.

Hasta puedes entrever mis silencios.

De alguna manera me controlas
aunque me secuestre la distancia.

Quizás sea el recuerdo nacido,
quizás éstas o aquellas palabras.

De todos modos me tienes,
en otro plano, por otros tiempos.

Cuando muerdo el vaso de la nostalgia
me sangra en los labios el invierno.

Tú sabes la razón de mis versos,
conoces hasta mi último párrafo.

Por más que escriba de alegrías
me descubres si estoy llorando.

Habrás de enterarte de todos modos,
no interesa si lo oculta un nuevo día.

Sabes que si faltan tus brazos
mi cuerpo revela su agonía.

De alguna manera soy evidente
aunque te mire de soslayo.

No conozco ningún mecanismo
que me disimule por lo bajo.

Lo descubrirás de todos modos,
no deseo siquiera ocultarlo.

Habrás de enterarte de todos modos.

Sabrás muy bien que te amo.

domingo, 12 de febrero de 2012

Las Aguas...




Venid a ver las aguas
bañando en oro y plata
estas turbias arenas.

Sacian una sed que no se nota.

Vierten su lejanía en las costas
como una lágrima maternal.
A diario copulan
en lenta agonía hacia el silencio.

Las huellas que deja el mar
no se borran con el tiempo.

Iguales motivos tiene el amor.
El mismo viento lo mueve
acercándolo a nuestras latitudes.
Buscando dolores,
inventándonos estrellas.

Venid a ver los frutos de este océano
abandonados de cara al sol.

Esperando otras manos cálidas,
otros labios deseados tibiamente.

martes, 7 de febrero de 2012

Soldado...




FORZANDO límites,
quebrando tibios rosales.
Bajo hilos de rabia dura
por pueblos minúsculos,
filoso estallido de metales.

Cobrando tributos,
lastimando carnes.

Llevan tus manos arduos motivos
con fuertes costuras
y duros legionarios.
En tu alma oscuros criterios,
pasmosas locura
de inmutable sicario.

Arden días como el petróleo
mientras circundas los caminos.
Paren lástima los niños,
se muerden los adultos
soportando látigos.
Y consumes manos inocentes
con tus garras de presidiario.

Abrazas pieles nacientes y puras,
asignas huestes
de bravíos perdularios.

Hay que sentir este no/deseo,
la soledad que traes como infame.

Hay que ver tus huellas oscuras,
pisoteando orgullos,
salpicando sangre.
No conoces de motivos,
solo quieres el plomo
y lo que el plomo trae.

Sigues en tu marcha absoluta,
encendiendo antorchas,
descuidando flancos.

Maldito asesino,
vano y mezquino,

torpe cabeza de palo.